
Cuando el reloj no perdona con su eterna tiranía, cuando el tiempo nos apresura en su vorágine de idas y venidas de la vida, necesitamos aferrarnos a lo espiritual para poder salir del espacio tan intangible del que llamamos "tiempo" y poder hacernos nuestro tiempo para meditar, rezar, orar, pedir, agradecer, yo lo llamo hablar con Dios, él siempre está a la espera de mis palabras, sean una súplica o un gracias enorme del alma.
El sabe de mis necesidades y él no me falla. Dios, y su hijo Jesús, siempre están presentes en mi vida.
Sin ellos mi vida no tendría sentido.
Yo entiendo del comunicarse con el más allá, es poder despojarse de la forma humana y solos con el alma, y corazón, hablarle a Dios.
Sincerarle todo...nuestras necesidades, nuestras penas, angustias, nuestras alegrías y felicidades. Dios nos acompaña toda la vida, no importa cuánto mal creamos que hicimos o que tan mal te creas haber portado con otros o contigo mismo, si sigues vivo, él sigue esperándote.
